Retoño de Luz

A lo largo
de este campo de estrellas,
el polvo
se entristece
aún
en el deseo.

Te espera
esta dehesa tuya de girasoles
en nuestro último
aliento de luna,
impaciente
de caricias tornasoles
y de pistilos
que perfuman al viento.

Los infatigables
capullos del tiempo
veranean
en una herida
de lluvia pululante,
mientras
tu y yo
trenzamos filamentos
entregados
que sediciosos
hacen aleteo
del frescor
sobre una melodía turbia, distante,
que urde cópula
de nuestra lujuria
en el androceo.

Se humedecen
en el goteo
de las horas,
las palabras
estremecidas
hacia el papel,
pero con tus manos
derramadas,
con tus ojos
escogidas,
al indómito
terreno del deleitable,
ignoto
jeroglífico.

La fuerza
aquí
del espasmo,
vuelve al signo
un adversario fiel
del extravío
porque las sombras
desconocen
la piedad
para la tierra fértil
en la que puede alimentarse
nuestro sembradío
de mirasoles.

¿Dónde
se podrá derramar
el poema,
si el ruido de la sangre
el silencio
araña,
si un rencor de actitud contraria
aturde fortuito
el batir
bello
de tus pestañas?

Una parvada de picaras
luciérnagas
seduce

inefable

la noche.

(23 de Octubre del 2008)

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