Los posticks

Las viñetas que dejaste en el libro,
remiten a ciertas palabras
en las que reiterativamente
pensaste.
Ellas te inspiraron
una meditación
profunda,
y aprendiste
a suspirar
dejándote llevar
por la fuerza de su evento.

Ahí dejaste que una emoción
insensata,
se te saliera de las manos
y escribiéndola,
la arrojaste al mundo,
arrancándola
entre las heridas,
raspándola
con el lápiz,
mojándola
fieramente con tu ojos.

En el libro,
señalaste esos párrafos
y los dejaste
para seguirte el rastro:
Yo con esas pistas
fincaré un camino
para acercarme tenazmente,
aunque yo solo
sea estos escombros
del hombre
que ya no puedo ser,
al menos ya no sin ti.
Tú los dejaste
porque te marchabas,
los esparcías
porque te desgarrabas
aun más intensamente con sus voces,
los marcabas
porque así me dejabas
huellas rasgadas de porvenir.

Así me señalaste todos tus textos
guiándome
entre todos los poemas
que dibujó
sin menoscabo
tu exhalación.

Sin embargo,
en el libro de tus sueños,
tú dejaste que los testigos
gritarán aún más fuerte por ti
con silencios desesperados
e indicaciones profanas,
mundanas,
apócrifas,
ilegitimas,
fugitivas,
con signos demacrados
y hostiles;
los fijaste
para que te culparán
con razones incomprensibles
para que los iletrados
abandonaran
el arte inmemorial
de tu corazón.

(27 de Mayo 2016)

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