Murmullos de antaño

 

Esa vieja canción me conmueve.
Me dejo llevar por la inmensidad
de la noche.

Desoladamente,
me pongo a perseguir estrellas,
contemplo señales de polvo,
correteo el tiempo.

Junto a ti,
me dejo llevar por la adversidad
de la noche.
La vía láctea se escurre por tu mirada.

Ahí,
acecho el humo ebrio del universo,
equilibrio el hastío,
merodeo el firmamento.

Después de todo,
me dejo llevar por la eternidad
de la noche.
El ahora es un duelo
en el que bordeo la infinidad.

Ahí,
le grito mis escrúpulos a la luna,
le arrojo mi rabia
a las turbulencias del big bang,
le exijo a los hoyos negros
re-iniciar el tiempo,
ataco con todas mis fuerzas
el silencio de Dios,
le arrebato la esperanza
a los vocablos.

Me dejo llevar por la fragilidad
de la noche.
Y cuando el amanecer
me increpa con la violencia de su tenacidad
-irremediablemente-
derrotado
soplo mi alma a la tuya
tan herida como una flor.

(25 de septiembre del 2002)

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