Al lector

La necesidad de justificar un espacio como el de un blog es un suceso que no debería causar mayor problema, basta el solo hecho de querer hacerlo, y mostrar al mundo lo que se hace es obligatoriamente hoy un motivo de júbilo: quien no enseña, no vende; quien no habla, Dios no lo escucha. Lo cierto es que la exposición de los presentes trabajos no había generado mayor inquietud en quien los realiza. Aún no lo es, y la motivación para hacerlo realmente no es la más esperanzadora.

Sea de su atención que se desconoce el valor real de los ejercicios que aquí se pretenden publicar. De hecho, quien los concibe es demasiado obstinado para siquiera reconocerlos como literarios, o creativos. Pocas novedades se podrán encontrar en esta parcela de Internet y se confía que así siga siendo, no hay por qué atribuirse lo que no se tiene. Pero, algo cambió en estos días: un acontecimiento irruptor ha logrado agrietar un bloqueo que parecía lo suficientemente firme. Se trata de una interrogante que el jornalero de estos ejercicios no puede contestarse por sí mismo, ni aún intentándolo. A ello, habría que incluir, la indicación peculiar de que la sola respuesta personal no puede ofrecer un criterio satisfactorio para establecer la importancia –si es que la tiene- de dichos productos, y concluir que su mérito se agota en el veredicto final que ofrece dicha individualidad, parece ser una fortuna bastante irrisoria. ¿Quién es el redactor de un texto para decidir el valor que debe tener? Nos parece que tal o cual propiedad, tal o cual rasgo, este o aquel detalle, este o aquel acierto, esta o aquella debilidad de las presentes muestras no deberían ser solo dictaminados por una sola persona. Se trata –sin duda– de un titubeo, de una caída hacia una fatiga de voluntad para resolver dicha cuestión, llamémosle torpeza, falta de genio, ausencia de claridad, exceso de soledad, nihilismo.

He aquí que ofrendamos al público –conocedor de la lengua castellana– la coyuntura de evaluar, criticar, y en la medida de lo posible editar y corregir los materiales que quedan ahora a disposición de su lectura atenta, sensible, inteligente, y preferiblemente despiadada. Aunados a esta necesidad, tras las limitaciones e impotencias que se tienen durante la vida, la persona en quien se ha iniciado esta tentativa de escritura ha tomado conciencia de que la historia de los textos no debería ser necesariamente la de ella. Después de todo, se ha logrado entender –y puede ser que no eficazmente– que la libertad propia de la imaginación también radica en saber que el destino de un apunte que modestamente aspira a ser un pensamiento, un cuento, un poema no tiene por qué ser el de quien lo escribe: son finalmente dos aventuras, dos derroteros, dos azares radicalmente distintos. Quizá, si los augurios son propicios, los ejercicios aquí vertidos formen parte del porvenir de sus posibles comentaristas. Pero, las posibilidades sobre esa eventualidad tampoco pueden ser acaparadas por la cuestionable soberanía de un solo egoísmo.

Los papiros disidentes es un nombre adverso para el blog. Pero, se barajaron tantos dominios posibles que lo difícil fue contener las ideas y elegir correctamente. No lo logramos. Elegimos –yo y todos los “yos” profundos que existen en el inconsciente- algo que intentara reflejar nuestra intención y que marcara nuestra alternativa. Bajo la advertencia de la falta de talento, y el posible padecimiento de ataques de epilepsia, sean de su consideración las faenas de B. David Sánchez Rico.

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