Resistencia a la fugacidad

Dejaré anclado el navío
en el océano de la noche,
y permaneceré aquí
por si la marea del tiempo
te trae de vuelta.
Esperaré con las misivas
que escribí para ti,
con los agrietados poemas
que enmohecen de impiedad.
Esperaré aún
si hay tormentas.
Esperaré
hasta que el mundo se acabe.

Yo no sé si la brújula
que has amarrado a las estrellas,
tenga las manecillas exactas
que te orienten hacia este lugar.
Yo no sé si te acompañe la luna.
Pero, las nubes una a una
te hablarán de la lluvia
que llorará al final solo por ti.

Y si tardas tanto en volver,
tanto que yo termine
por morir, otra vez.
Te dejaré mis silencios
para que discutas con ellos,
te dejaré los argumentos
y mis equivocaciones.
Te dejaré lo que me queda de amor
para que no se vuelva a perder.

Dejaré anclado aquí
el navío de mi corazón
para que tu navegues
aún más lejos:
Será tuya la eternidad
de este mar de poesía
que conquistarás
tú y solo tú
enfrentando el horizonte,
desafiando con tu pupila
los oleajes del porvenir.

(9 de Febrero del 2016)

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