Desconcierto intempestivo

La azarosa pregunta por el tiempo
que sólo puede contestar
la noche.

La ardua historia
de nuestros cuerpos
se abre con la llave
de nuestro delirio.
Pregunto por ti
en el paso de la lluvia,
interrogo en el anhelo
a las horas,
inquiero a los alfabetos
por tu albedrío.

Ahora…
¿Cómo cuestiono a tu recuerdo?

A veces siento
que la circulación de la sangre
me impone la escritura
de un instante, de una grieta,
de una sombra sin consuelo.

¿Cómo distingo el sueño del deseo?
¿Cómo le exijo al silencio
que me ampare
ante la ley inflexible del proverbio?
¿Cómo evito el horror
sucedáneo
que me intimida con las auroras?
¿Cómo resuelvo este rencor
que se desborda con los días?
¿Cómo detengo esta miseria
que se duplica
con las palabras traidoras?

La inevitable pregunta por el tiempo
que sólo puede responder

tu nombre.

(27 de Mayo del 2002)

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