El Santuario de los Poetas Xióngmao

Nadie conoce cómo se enlaza el trabajo arduo de generaciones y generaciones de hombres a lo largo del tiempo. Nadie conoce por completo la historia de sus esfuerzos, ni tiene completa claridad de las emociones que se guardan en silencio. Quizá nadie tenga la entereza para urdir una consigna que reclamara la develación de todos estos secretos. ¿Quiénes somos nosotros para desdeñar los motivos que provocan las grandes empresas que han edificado tan modestos alarifes?

Cuenta la leyenda que dos jóvenes combatieron hombro con hombro en las regiones que hoy se conocen como las costas de Yantái colindantes al mar Amarillo por la independencia de las pequeñas aldeas que con el tiempo formarían el gran Imperio de China. Amigos de juventud, Shi Lóng (詩龍) cuyo nombre significa «Poema Dragón», y Dàima Hu (代碼虎) que forzado en nuestro idioma castellano se traduciría como «Código Tigre», fueron compañeros en las remotas Guerras de Formación y ningún ejército extranjero podía vencerlos. Pero, cuando cesaron sus batallas, regresaron a su tierra natal que hoy se conoce como Zhengzhou en la provincia de Henan. Una vez alojados en su pueblo salieron a disfrutar la celebración de la paz en la que conocieron a la Joven Záyin Zì (雜音字) algo así como «el Murmullo de la Palabra») una chica cuyo padre era el señor de la comarca Ai Wèi  (唉衛 entiéndase, Alas de Guardián) del Clan Fénix quien tenía la encomienda de la producción de armas, ya que eran esplendidos herreros de espíritus de espadas, y meticulosos talladores de legendarias lanzas, poderosos arcos y sagaces flechas.

Se dice que Záyin Zì siendo una señorita proveniente de la aristocracia cautivó al joven guerrero Dàima Hu con su belleza de suave piel, figura rebosantemente femenina, cabello amarrado, ojos castaños y picaros, labios delgados pero de sonrisa cautivante. Lamentablemente para él, ella quedo unida a la inocencia que vio en el bonachón Shi Lóng. La noche en la que se conocieron Záyin Zì y Shi Lóng estaría dedica a la celebración de la vida. En el Zhuangpèi, el lugar en el que se convoca al pueblo, la asamblea, se colocaron por todos lados unos adornos luminosos con forma de abrazadoras aves y se sirvió un banquete público donde Ai Wèi  ofreció un discurso dedicado a la reconstrucción cívica de la aldea: «Nosotros estamos aquí –decía el líder de la comarca- después de las miserias a las que nos somete la guerra para que nuestros jóvenes aprendan que somos capaces de ser una gran civilización en tiempos de paz».

En la fiesta, los jóvenes enamorados temían encontrarse sin saber exactamente cómo comunicarse, y tan solo se seducían con el candor de sus miradas, aunque sabían que estaban destinados a buscarse por toda la eternidad. Durante el evento, ellos no se dijeron nada, pero con un juego de insinuaciones prometieron volver a verse en alguna ocasión subsecuente. Los enamorados solo se encontraron al tercer día de la fiesta justo cuando Dàima Hu y Shi Lóng venían de reportarse con Ai Wèi  puesto que tenían que devolver sus armas, ya que estaba estrictamente prohibido mantenerlas. No existía la propiedad de los pertrechos en la China arcaica, y de hecho el armamento se consideraba un bien público, puesto que de eso dependía la legítima defensa de las aldeas y el Clan Fénix había sido comisionado para el resguardo de lo que en ese momento se consideraba la artillería pesada. A su salida, justo en el portón de la pagoda, los enamorados cruzaron sus primeras frases que parecían haberse dicho en otra vida y que ahora volvían a decirse con la más elongada serenidad, lo cual les resultaba insospechado porque solo se habían visto en la fiesta por la vida de apenas hace tres albas.

-¿Cómo le ha ido a usted joven Shi Lóng? –Lo asalto ella.

-No muy bien señorita Záyin Zì. La aldea tardará mucho en levantarse en tranquilidad. Pero hacemos lo que se puede. Habrá que reparar sistemas de riego y cañerías por toda la comunidad.

-¡Vamos! ¡Acabamos de regresar y deberíamos de ir a nadar! –interrumpió Dàima Hu.

-Sí, ¡No es mala idea! Deberíamos de darnos un descanso –asintió Shi Lóng.

-¡Qué se diviertan amigos de combate! –dijo Záyin Zì deseándoles un poco de diversión.

Justo en ese momento, el padre de Dàima Hu lo intercepto para que arreglaran los preparativos específicos de las actividades comerciales que estaban por realizar, ya que el Clan Silencio se dedicaba a la exportación de arroz, y minerales como la sal y el bronce, pero sobre todo se dedicaban al trasporte de maderas en un mundo donde solo existía la humana mano de obra y animales de carga. Este fue el momento en el que Záyin Zì y Shi Lóng realmente se quedaron solos y pudieron conversar:

-Joven Shi Lóng me dispongo a continuar con los deberes de mi casa. Mi padre puede enfadarse debido a los retrasos. –Le dijo ella con suma impaciencia.

-Señorita Záyin Zì (le dice Shi Lóng con una tranquilidad nunca antes vista en él)… ¿Le gustaría dar un paseo por la tarde por los jardines de la casa del Clan Shui (水, es decir el Clan Agua)? Mi familia ha cultivado durante mucho tiempo los arboles de cerezo y se dice que por la tarde tienden a florecer con más intensidad ya que se puede notar un pequeño destello de luz al abrirse sus pétalos. ¿Le gustaría acompañarme? Sé que es un gesto mínimo. Pero quizá pueda notar una belleza que la guerra impidió que usted disfrutara, me gustaría conversar, y tal vez usted pueda notar los colores que veo en esas luces.

-No lo sé joven Shi Lóng tendré que pedirle permiso a mi padre. Usted sabe que es muy estricto y no sé si consentirá que yo ande a tempranas horas de la noche fuera de mi hogar. Sepa usted que no me gusta causarle ninguna mortificación a mi viejo. Y yo… no sé si terminaré mis obligaciones para poder darme el lujo de gozar de un ocio que desconozco.

-Entonces déjeme solicitar personalmente un permiso –insistió Shi Lóng. Yo no intento ocasionar problema alguno en la relación entre su padre y usted, señorita. Solo quería que se deleitará con un poco de esparcimiento porque supongo que durante el día sus labores le impiden percibir las emociones que provocan las cosas mínimas.

-Yo no sé qué contestarle –le argüía ella. Tendrá que hacer su solicitud. Pero no puedo garantizarle que el permiso sea autorizado por mi padre, ni podría asegurarle que yo llegue a la cita aun teniendo el consentimiento para encontrarme con usted: mis deberes familiares son muy exigentes aún para una hija como yo.

-Entiendo señorita Záyin Zì –reconocía él. Yo haré la solicitud a su padre, ya que no pretendo deshonrar el nombre de su clan y es mi obligación tratarla con el mayor respeto posible, puesto que lo último que deseo es importunarle en sus ocupaciones. Yo solo deseo que usted pueda deleitarse con la belleza de las flores que residen en mi humilde morada que podría ser la suya.

-Le agradezco su invitación, aunque creo que por el momento no son necesarias sus indiscreciones. Espero que mi padre consideré permitente su petición. Fue un gusto conversar con usted joven Dragón.

-Tendrá noticias mías Señorita Záyin Zì… –pero ella ya se había ido.

Shi Lóng a los dos días de ocurrido el encuentro acudió con el padre de Záyin Zì. Ai Wèi  se sorprendió de que ella misma no le haya contestado la invitación, ya que aceptaba que su hija hiciera y dijera sin empacho lo que quisiera de voluntad. Así que tomó con seriedad el trámite, se esforzó en ser el padre dominante que ella esperaba que fuera, e inquirió en todo lo que pudo al joven Dragón. Este solo pudo soportar el interrogatorio y de hecho le pareció más sencilla cualquier estrategia de guerra que aceptar todas las prerrogativas de este padre quejumbroso. Finalmente, Shi Lóng logró el permiso que esperaba.

A los tres días llegaron a encontrarse los enamorados, Záyin Zì pudo ver no solo los parpadeos de luz que se hallaban en los pétalos de la flor de cerezo que Shi Lóng le había prometido, sino que también pudo disfrutar de su inconfundible aroma. Le sorprendió aún más que ese perfume haya sido el que de manera desapercibida se encontraba en el mismo Shi Lóng. Hablaron de todo, de cómo se trenzan los cuellos de los gansos en la época de apareamiento, del canto de las oropéndolas, del caminar grácil de la grulla cuando aletea, de sus memorias que se desatan ante la escarcha de invierno, de la sombra de los sauces en los días soleados, del momento exacto para la siembra de calabacines, de los ingredientes más propicios para la sazón del arroz, de las raíces de loto que se usan en la preparación de los perfumes. Hablaron de la cera aromática que se decanta en las lámparas, de los materiales idóneos con los que se elabora la tinta de los escribas, de las conchas de tortuga y las escapulas de buey en las que están redactados los oráculos propios del revolucionario arte de la adivinación según los cuales se anuncia una opresiva interrogación, se establece una respuesta enigmática y se redacta el resultado en que se han decantado los hechos. Hablaron de los avances de la cerámica en la creación de vasijas y copas, de los diversos usos del bambú, de las maderas con las que se erigen los hogares, de las técnicas empleadas en los arboles Penzai, de las mejores tácticas de asalto en el combate armado, de los días que tardan las fases de la luna, de las festividades del pueblo, de los arduos viajes que hacen los pastores nómadas, de los recuerdos desgarradores que se incluyen en los ritos funerarios, de los saltos de los peces que abundan en los jardines de acuario.

Pero lo que tenía realmente fascinada a Záyin Zì eran los detalles de un nuevo arte que Shi Lóng desarrolló desde muy joven y que logró poner en práctica durante las guerras de formación en China. Las conversaciones de los enamorados se volvieron recurrentes y se extendieron durante imprescindibles días, y los días se volvieron placenteras semanas, y las semanas dilatados meses donde compartían no solo los detalles del arte sino los relatos de los lugares, las personas, los mitos que el Dragón había conocido en la época en que ocurrieron las batallas en las que participó. Fue en esas narraciones en las que la Doncella Záyin Zì sentía que realmente conocía el mundo que apenas se le abría a la vida.

Pero, justo a los nueve meses de llegados los jóvenes de la guerra, el padre de Dàima Hu pidió la mano de Záyin Zì. Cuán grande sería la sorpresa de Dàima Hu cuando Ai Wèi  negó la petición puesto éste que sabía que la doncella no estaba enamorada de tan respetable partido. Záyin Zì se sintió apoyada por su padre y le juró lealtad y respeto hasta el día en el que él mismo la entregará al sagrado vínculo matrimonial, «Gracias padre por dejarme ser un hija más feliz» le dijo después de la visita de los padres de Dàima Hu. Pero este, al no creer que ninguna otra joven de la comarca merecía estar a su lado, tramó con su padre el secuestro de Záyin Zì. El crimen lo ejecutaron justo al amanecer de una mañana del mes Liùyuè -nuestro mes de junio-, justo a la mitad del año Tigre donde se creía que Dàima Hu estaría en su mejor condición para enfrentar a su camarada y enemigo. A Záyin Zì la raptaron de sus aposentos unos jinetes mongoles que fueron contratados a cambio de oro, un metal muy escaso que el Clan silencio había logrado monopolizar a través del comercio en esa China incipiente. Ahora era transgredida la residencia del honorable Clan Fénix.

Esa misma mañana Shi Lóng fue a buscar a Záyin Zì. Pero solo pudo ver a Ai Wèi  y a su esposa ultimados, y se dice que el Río Amarillo que ya estaba a punto de morir, pero el dolor del Poema Dragón fue tal que sus lágrimas nutrieron las afluencias del Huang He. Shi Lóng ya entrado en detalles del crimen, retomó su antiguo armamento que había entregado a Ai Wèi  y salió a la búsqueda de su amada por toda la región del Luan hasta que pudo dar con su paradero en la playa más agreste del mismo Yantái. El poema Dragón volvía a el mismo campo de combate que por poco creyó que ya había dejado en el pasado. Shi Lóng y Dàima Hu se batieron en duelo en el hoy conocido «Desafío de los Cerezos Lunares», durante tres agonizantes horas en las que el héroe salió derrotado tras el golpe artero de la legendaria lanza del tiempo, misma que Dàima Hu robó de la casa del Clan Fénix. Se dice que solo se vio caer la espada de alma afilada de Shi Lóng y que su sangre brotó tan fuertemente que inundó los rojos más encarnizados del ocaso. Solo se le escucho decir una última invocación a Záyin Zì: «No pude decirle a ella el secreto de los luminosos pétalos del cerezo».

Una vez terminado el combate, Dàima Hu regreso a Zhengzhou, abandonó el escudo de Shi Lóng en las planicies que con el tiempo han forjado las capas más ríspidas del Monte Song. Dàima Hu tomó como botín a Záyin Zì puesto que pensaba que era su derecho, ya que según él aún se vivía bajo los imperativos de la guerra y la obligó por la fuerza a ser su esposa. Sin embargo, el matrimonio no duró tanto. La doncella se quedó absorta puesto que el amor le había sido arrebatado, y enloqueció ante el terror que todos estos acontecimientos le provocaban. Aún hoy a Záyin Zì se le escucha clamar el dolor que le provoca la ausencia de su heroico y sensual pretendiente. Tal es el estruendo ocasionado, que cuando los pétalos de la flor del cerezo salen desperdigados en vuelo durante el Jiuyuè (el septiembre occidental), se oye el canto de un desgarrados Lüshi[1] nunca del todo registrado ya que ensordece la acústica de los valles de Luan, y también porque multiplica sus sentidos cuando los vientos tormentosos arrecían la desazón del melancólico estío.

Ante tal vorágine de voces de la Doncella Záyin Zì, según la leyenda, se ha ido forjando en el devenir una horda de ascetas que se encargan de oír todos sus lamentos con el fin de inscribirlos en un orden que en principio era muy enigmático y que no tomó sentido sino hasta que los textos se iban lentamente forjando en argumentos, proposiciones, desplazamientos, temas, libros, tomos, colecciones, libreros. No fue sino hasta que el emperador Xiao Wen instituyó allá por el 495 de nuestra era el Santuario Shaolin, también conocido como «Templo de los Ecos Desesperados». En ese recinto se consolidó un monasterio de centinelas Xióngmao, como se hacen llamar, que cuidan la biblioteca que conforma la Historia Universal del Qi, es decir del principio ontológico que es causa de toda diligencia humana tanto de las del pasado como las del futuro. Dichas personas -mujeres y hombres- son los encargados de redactar los hexagramas que contienen las enseñanzas del arte del Poema Dragón, y que son las bases literarias de la práctica del Kung Fu (功夫), es decir se trata de la educación de los hombres para la vida en sociedad.

Es de conocimiento público que dicho arte fomenta el pensamiento crítico en la escucha del lenguaje y tiene por misión desarrollar el ímpetu del combate cuerpo a cuerpo, aun cayendo en la desgracia de una guerra perdida. Así que por un lado se trata de una práctica pedagógica que se dedica a apoyar la vocación por la escritura de los poemas en las que se encuentran los detalles de la formación ética de los ciudadanos, y también es un arte marcial ya que hace énfasis en la preparación corporal y espiritual de los guerreros. Aunque tiene la particularidad de que para consolidar esa forma de autarquía se debe de renunciar al uso de las armas. Se trata -en suma- de un pacifismo bélico, de una moralidad marcial, noción que nos resulta claramente china. No se trata de una broma macabra. Por el contrario, se trata de establecer los principios y valores de los jóvenes ante la posible eventualidad de la guerra: este es el uso que tiene la poesía en toda la historia de China. Pensamiento filosófico y poesía no están separadas para los miembros de esta orden.

Dentro de los monjes que han sido parte de la orden se encuentran Lao Zi, Confucio, Sun Tzu, Qu Yuang, el mismo Xiao Wen, el monje Ba Tuo, Ta Mo, Wang Wei, Wei Cheng, Wang Bo, He Zhizhang, Li Po, Li Bai, Du Fu, Bai Juyi, Han Yu, Cen Shen, Gao Shi, Lie Shen, Lui Yuxi, Xiao Wen, Wei Zhuang, Li Yu, Liu Yong, Wang Bo, Su Dongpo, Qin Guan, Wu Wenying, Li Shimin, Su Song, Zhang Kejiu, Tang Yin, Lu Xu, Xu Zhimo, Yu Dafu, Ai Qing, Gu Cheng, Ha Jin, Hai Zi, Yin Lichuan, Duo Duo, Xei Ye, Aku Wuwu, Yu Jian, Zheng Danyi y todos los poetas que siguen redactando las innumerables voces de la Doncella Záyin Zì. Se trata -después de todo- de un designio que solo compete a la historia de China y ante el cual sus poetas trabajarán durante generaciones para consagrarse en ese arte milenario que forja la espiritualidad de su pueblo. Se cree incluso que el mismo Buda escuchó el canto de «Murmullo de la palabra» y que sin su aullido no podía haber sido posible la promesa de la Iluminación, ni tendría objeto la doctrina del Nirvana.

Tal reforma social se llevó a cabo puesto que se cree firmemente que es lo único que puede derrotar al viejo amigo y adversario de Shi Lóng, Dàima Hu. Hoy en día el Código Tigre gobierna China con su puño fantasma rigiendo sobre todo el sistema lingüístico en la bastedad de los ideogramas que conforman ese azaroso y múltiple alfabeto, así mismo lo hace sobre la geografía y las riquezas de país. Los actuales historiadores chinos calculan en secreto que nuestra leyenda del Poema Dragón se remontaría al lejano segundo milenio antes de nuestra era, allá en los inicios de la mítica dinastía Xia. Pero no es posible establecer una aproximación certera, ya que el Clan Silencio -que ha pasado a las sombras de la historia de China-, ejecuta con cierta regularidad hogueras en las que se arrasan los Sagrados Libros del Qi. Ante tal calamidad, los poetas tienen que volver a la tarea de reconstruir todos los contenidos de esta colección hasta completar la biblioteca del Templo Shaolin.

Después de todo este tiempo, todas las generaciones de monjes siguen trabajando arduamente para escuchar las palabras desoladoras de la Doncella Záyin Zì. Nadie volvió a tener noticias de ella, ni se sabe exactamente dónde o cuándo ocurrió su muerte. Incluso hay quien piensa que aún vive, y que aprendió a vociferar furiosamente en las corrientes del aire para hacer sentir más profundo su canto durante las noches de luna desdichada. Se cree que cuando los poetas terminen de escribir todas las enseñanzas del Dragón Shi Lóng, él resucitará para combatir otra vez al Tigre Dàima Hu. La empresa ha tardado tantas centurias y se calcula que durará su labor en la bastedad de siglos y siglos. Pero nadie ha demeritado los esfuerzos de todos estos poetas destinados a tal legado de escritura, ya que se cree que cuando la tarea se concluya el Poema-Dragón retomará su espada y escudo, y China se cimbrará en una nueva era de paz, basada en el derecho y el respeto entre ciudadanos espiritualmente vigorosos e iguales.

(8 de Julio del 2016)

[1] Composición de ocho versos de cinco o siete caracteres por línea, siempre el mismo número en cada octava. La palabra 律詩 se compone de los términos 律 que significa regla, ley; y 詩 Shi que se entiende como poema. Los ideogramas claramente conforman la noción Código del Poema, que es finalmente una noción conflictiva. También se puede entender como «el mandato del Poema», del Poema-Dragón.

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