Psicofonía

Será mejor contárselo a la noche…

Será mejor contarlo tan solo para desahogarme.
Será mejor murmurarlo
una y otra vez
para enloquecer bien,
o para desfallecer aún mejor.

Será mejor contárselo a la soledad…
contárselo a los vestigios de la Historia,
a las ruinas que cincela el augusto tiempo,
a la exasperación en la que se acorralan los ecos.

Será mejor contárselo a la Biblia,
al Necronomicón y al Corán
a los Upanishad y a la Toráh
al recóndito Libro del Tao y al vasto Quijote.
Será mejor contarlo sin tregua
para hablarle a los muertos
aún mejor en Palabras Mayores.

Será mejor confesarlo sin más,
arrancarlo hasta que aprenda a callar,
delatarlo hasta que logre suspirar,
decírselo a la delación del áspero viento.

Será mejor contarle a este infierno
la promesa que has venido a arrojarme
en los oídos del más irrespirable sueño.

Yo ensordecía con todo el cuerpo.
Pero tu sigiloso augurio lo escuche
a través de trepidantes ruidos,
de gangrenados desdenes,
de la crueldad habitual
en la que se regocijan las caóticas ciudades,
las dictaduras electorales,
los muros nacionales.

Yo lo escuche en tu batir de alas
estiradas por la excitación de la pólvora,
desgarradas en el éxtasis de las dolientes metáforas,
irrigadas por el agua del perdón
que bendice los pecados capitales.
Lo escuche sediento de ti,
mientras me aturdía
la ansiedad de esperarte,
entre latidos prestos a la alienación,
en el escarnio de mi terca sangre:
Lo escuche porque me llamaba
aún más intensamente en el cansancio
de este enfermo y corrupto corazón.
Lo escuche indefectiblemente
porque me lo arrebataba,
porque ya no lo sentía.
Lo escuche derrotado
en los epigramas de las lápidas,
abatido ante la lógica de toda explicación.
Le escuche porque me despertaba.

Lo percibí porque una última vez…
Te quise mía.

Será mejor escribírselo a la luna
y grabarlo en los estallidos del tiempo,
cifrarlo en distancias siderales,
ocultarlo bajo el atroz susurro de los astros
y a contra-corriente de la elíptica planetaria.

Será mejor confiárselo al silencio
entregárselo a la sordera de los vocablos,
confesárselo a la discreción de los tulipanes,
arrojarlo a la dureza de la desesperada lluvia
lanzarlo a la abrazadora tempestad del azar,
olvidarlo en medio del insoportable universo
en el que se desbocan las podridas estrellas
entonando -ráfaga a ráfaga-
su más iridiscente, y huraña canción.

Será mejor volverlo un secreto.

Será mejor esconderlo
en pergaminos embalsamados de incienso,
en la tumba y en el libro
de la muerte más desconsolada,
la más entristecida, la más amarga.

Será mejor guardarlo en mis puños
apretando la frustración del alma,
en medio de las afiladas palabras
para que solo lo lean entre líneas
los iniciados en la ciencia de la desolación.

Será mejor sepultarlo en un poema
para nunca más escucharlo,
o para recordarlo aún mejor
bajo el alentador pretexto de morir

…junto a ti.

(23 de Julio del 2013)

Anuncios