Por la intercesión de Shakespeare

A tal grado enronquece mi voz
esta medianoche de asueto
en la que puedo recitar
con mayor gratitud y celeridad
los sonetos de Shakespeare.
Son las tres de la madrugada
y mi fantasma predilecto
languidece enamorado sobre mi pecho
mientras las horas se dilatan.

Enervo rima a rima los astutos versos
tratando que el tiempo de lectura
corrija adensada la lentitud
en la que tu figura se divisa
y creo que escuchas atenta
cómo mis labios enmudecen
ante el dolor estricto de tu partida,
ya que no lo puede aliviar
el poeta más sagaz de la humanidad.

(4 de Julio del 2016)

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