Marejada

El horizonte divide el océano del cielo.

El mar exuberante de ansiedad
repica en el oleaje
aún más intenso
los espasmos de las horas
inclinadas en la arena.

La espuma desata metáforas
aún más densas
en el aliento de palabras viajeras,
y los rumores del viento
humedecen navieras miradas
para alcanzar pronto
una ambición enardecida.

El agua profunda de misterios
dobla junto a ti
los pliegues del tiempo,
y resuelves que el azul
pinta con sueños
matices aún más iridiscentes
en los cuales apiadarse
de la desolación de existir.

El navío trota en la marea,
y recorta en la singladura de utopías
venturosos versos
escritos de estribor a babor
tras la intemperie del ocaso.

Un tornado envuelve nuestras premisas
salpicando en el aire
el vuelo de pertinaces gaviotas
nómadas de corazón,
apátridas de asalto.

Las velas impulsan nuestra fuga
y tu voluntad divisa repúblicas errantes
para zanjar un más allá
en el cual embarcarse:
Soy yo quien no quiere olvidarte.

La marea reparte la euforia de tu pupila

…eternamente.

(17 de Abril del 2017)

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