En el mar de Wikinger

-¿Acaso mis ojos me engañan? ¿No los había visto ya? ¿Es que mis recuerdos me traicionan? ¿Quiénes son estos gigantes? ¿No los había vencido ya? ¿Cómo es que volvimos a encontrarlos en el anchuroso mar? ¿A dónde nos ha traído nuestro bastimento? Sancho tú dime ¿Por qué estos seres que nos asedian se mantienen en marcha sobre los oleajes de las aguas inhiestas y salvajes del venturoso océano? Sancho ¿También debo darles combate aquí yo que soy caballero de mil batallas en mil arenas de combate, en mil arenas de desierto, en mil arenas del tiempo? Sancho dirige mi navío porque voy a atravesarlos con mi espada. Voy a encararlos y debemos evitar a toda costa la invasión de una legión de marinos Briareos.

-¡Aquí vamos otra vez! (exclamó Sancho Panza). Estos no son gigantes, ya hemos pasado por esto. Y habíamos vencido 34 con anterioridad. Usted no encuentra sosiego en ninguna parte, ¿Acaso no se cansa de combatir?

-Combatir me define, Sancho, soy el hombre de la entereza en los momentos difíciles, y no es la locura lo que me motiva, sino los peligros que debo enfrentar. He aquí que estos gigantes se alimentan de las ráfagas del aire y yo no puedo permitir que ladrones de baja calaña asalten los territorios entregados por Dios a los hombres, aunque aquí estemos cruzando las sales agrestes del vertiginoso piélago. Doy por sentado que han invadido todo el mundo y debemos protegerlo. Espero que no se roben las riquezas de esta nuestra tierra, este nuestro despojo de paraíso.

Ya he reunido mis fuerzas, ya se han preparado mis ejércitos, ya he convocado las tormentas y los vientos torrenciales, ya estamos a punto de entrar en combate cuerpo a cuerpo, sueño contra sueño, esperanza contra esperanza: ¡Ataquemos! ¡Ataquemos! Y mientras la lluvia arrecie, tú y yo estaremos –amigo mío– luchando por vencer a estos invasores a los que debemos matarles con mil muertes, aunque solo sea ésta nuestra única espada a la cual apelar para refugio y salvación. ¡No temas Sancho que estos gigantes parecen soportar muy bien las fuerzas imbatibles de los vendavales!

Quizá deba convocar a los huracanes de Poseidón y los relámpagos de Zeus para hacerles ver su suerte. No nos derrocarán las corrientes que puedan levantar, ni nos expulsarán los tifones que ejerzan furiosos leviatanes. Aquí nos mantendremos de pie a pesar de que las garras de la marea nos arrebaten nuestras corazas y nuestros cascos. ¡Izad las velas Sancho! ¡Dirigid la proa contra estas criaturas voraces! Nuestra barca tiene madera de Olmo dorado y amortiguará el choque. ¡Resistirá! ¡Resistirá! ¡Malditos gigantes! ¿Cómo se atreven a retarme? Non Fuyades desgraciados. Non Fuyades miserables. Yo puedo derrotarlos a todos con mis propias manos. ¡No escaparán de mi cólera!

-Usted presume mucha tenacidad iracundo y honorable Don Quijote (aseveró burlonamente Sancho). Estos solo son otros molinos más modernos, son simplemente aerogeneradores que dirigen fuerza motriz del aire a las maquinarias de la tierra.

-No aliado mío, no es así. Es aquí donde debe notarse nuestro carácter de fiel corsario. Nuestros enemigos con temple de acero no temen nuestra carne tapiada de bronce. Yo debo ser héroe en toda adversidad, mis barbas son más firmes ante los desafíos, mi armadura me dará cobijo y mi razón se preservará en el yelmo. Nuestra fortaleza se equipara a la de Aquiles y nuestra astucia se compara a la de Ulises. Sancho, ¡Qué mi alma sea nuestra ancla! ¡Y, qué mi voluntad sea nuestra brújula! ¡Qué el provenir nos lleve a buen puerto! Nosotros siempre correremos el riesgo de naufragar persiguiendo nuestro épico destino, que ya nos incita a la más desencarnada de las guerras contra estos contrincantes: Mi obstinación debe ser capaz de levantarme, Nunca debo quebrantarme.

-Don Quijote fíjese bien por dónde pisa. ¡Hombre al agua! (Gritó Sancho)

-¿Qué sería de mí Sancho si no fueras mi escudero, mi salvavidas? ¿He logrado vencer a mi adversario, amigo mío? ¿Hemos logrado resistir su embate? ¿Pude atacar su corazón? ¿He golpeado su punto débil? ¿Los he aniquilado?

-Parece que por hoy hemos logrado sobrevivir al asalto capitán, pero nuestras provisiones son escasas, no podremos ofrecer una respuesta, tenemos que replegarnos por esta noche, renovar nuestras fuerzas y pensar mejor nuestras acciones al amanecer. Por hoy, el combate ha terminado.

-Es verdad que dimos una gran pelea, Sancho. La noche testificará a favor de nuestra humana gallardía, que aún es nuestra todavía, que aún es nuestra todavía.

(La luna agita las olas, mientras Alonso Quijano cierra los ojos hasta volver a soñar)

 #UnMarDeHistorias #Zenda

(1 de Agosto de 2017)

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